Desde Keith Jarrett no se recuerda un pianista que haya conquistado un entusiasmo tan generalizado entre crítica y público como Brad Mehldau , ahora lanzan el disco doble en vivo.
Desde Keith Jarrett no se recuerda un pianista que haya concitado un entusiasmo tan generalizado entre crítica y público como Brad Mehldau. Como ocurrió con Bill Evans, y con el mismo Jarrett, la razón no es otra que Mehldau ofrece en cada una de sus interpretaciones el develamiento rico tanto en sus aspectos emocionales como intelectuales, de una sensibilidad a base de introspección y autoanálisis. Como sus mayores, el músico de Florida encarna la figura del pianista como poeta, entendido como un creador de un mundo de significados propios que explora conjuntamente la naturaleza del lenguaje musical, su sintaxis y las sensaciones, emociones y procesos del intérprete. Reflexivo, lírico, interrogador, Mehldau sumerge al oyente en una intensa corriente de búsqueda que convierte sus interpretaciones en algo subyugante. Hoy por hoy Mehldau es el epítome de la concepción romántica del artista, un individualista que en pos de su autoexpresión refina su sensibilidad expuesta y su arte desoyendo soluciones y esquemas probados.
El pianismo de Mehldau es igualmente adictivo, seductor y, sobre todo, profundo. Partiendo de un substrato clásico con influencias determinantes del piano clásico y de autores como Johannes Brahms y Robert Schumann, Mehldau ha desarrollado un estilo jazzístico con bases en Lennie Tristano, Bud Powell y Keith Jarrett, y no, en un clásico malentendido de efecto por causa, Bill Evans, con el que le une una afinidad poética más que una relación de expresión o influencia. Si en su concepción interpretativa resulta crucial el diálogo entre el proceso de ejecución y las opciones que se abren en el material musical a interpretar, en su estilo pianístico este diálogo se desarrolla entre sus dos manos. Así no es difícil encontrar largos pasajes de oposición entre ellas animadas por un toque flexiblemente ambidiestro. Esta concepción dialógica se extiende así mismo al corazón de su trío, Mehldau, Larry Grenadier y Jeff Ballard, excepcional sustituto del baterista original del trío, Jorge Rossy, han desarrollado una profunda empatía, una soberbia conjunción telepática que les permite moverse en cualquier lance con tanta holgura como unidad. Es por ello por lo que un a priori tan arrogante título como The Art of the Trio proveniente de una formación liderada por un pianista de 27 años lejos de parecer fatuo respondía a la realidad.
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