¡Claro que sí! Actualmente el mercado de la prostitución masculina ha proliferado de manera impensable y, esto, debido a la fuerte demanda por parte de las mujeres a tener sexo pagado y sólo por placer. Un joven acompañante nos cuenta su experiencia y ellas dicen por qué lo harían.
Norman tiene 23 años, mide 1 metro 78 centímetros, tiene los ojos verdes, es deportista, universitario y soltero. Hace un mes y medio que se dedica a la prostitución y cobra poco más de 25 mil pesos por una hora y media de sexo. Gracias a sus cualidades amatorias, ha captura ya a cinco clientas, las que van desde los 30 a los 39 años (y desde las más guapa a las menos). Él, a diferencia de la mayoría de los acompañantes masculinos chilenos, atiende sólo a mujeres, aunque más de un hombre ha intentado contratarlo. ¿La razón de por qué lo buscan las mujeres? Él mismo nos cuenta: "Me han tocado por varios motivos. Algunas por simple placer de hacerlo con gente distinta; otras que están solas y que sólo me han querido conocer y también las que están con pareja pero él no está en ese momento, es decir, gorreo brígido", a lo que agrega, "y en cuanto a sexo... me dejo llevar, lo que salga. No me han pedido nada en especial". Y es que se podría pensar que buscan tal vez tener sensaciones nunca antes tenidas, como la búsqueda de orgasmos, pero, según nos cuenta Norman (de sexo.cl), todas ya los habían sentido anteriormente, por lo que se podrían concluir que ellas asisten esencialmente por ganas de pasarlo bien. Él, por su parte, hace lo suyo, pues según sus propias palabras "un cliente feliz, siempre vuelve". Y así es, porque dos de esas mujeres ya han vuelto a pedirle que las atienda.
Ellas buscan diversión
En varios países latinoamericanos, especialmente en Argentina, se ha estudiado la relación que las mujeres tienen con la prostitución masculina y se ha concluido que ésta ha ido en aumento, especialmente en aquellas féminas sobre los 35 años y de buen nivel socioeconómico. Ellas, en su mayoría, acuden a acompañantes para divertirse y sentirse atendidas (cosa que muchas no encuentran en sus matrimonios), y lo único que podría diferenciarlas de los hombres en este escenario, es que se sienten culpables después de tener sexo pagado pues, por esencia, la mujer asocia el sexo con el amor, lo que no haya en estos encuentros pasionales.
Esta nueva postura femenina tiene que ver mucho con el hecho de que hoy las mujeres son independientes, ganan su propio dinero y ven el sexo furtivo con mayor naturalidad, es decir, "si él puede, ¿por qué yo no?". Además, el hecho de pagar por sexo denota autoridad, poder y deseo de disfrutar sin presiones. Son mujeres que gustan de estos encuentros discretos, que no afectan su imagen de "dama respetable" y que les permite tener sexo con jóvenes de hasta 20 años.
Hombres versus mujeres
Simple. Ellas buscan sexo del bueno, pero con toques de ternura, cariños y compañía. No van tras posiciones exóticas, sexo diferente o bondage, sino que van tras un buen sexo, cómplice, discreto y satisfactorio. Incluso se puede hablar de sexo unilateral, ya que en estos encuentros no se sienten "presionadas" a practicar sexo oral o hacer hasta lo imposible para satisfacer a sus parejas, sino que simplemente "se dejan querer", gozando al máximo este acto.
"Puedo ser un acompañante cariñoso, rudo, un niño"
Producto del conocimiento de las mujeres que tienen los acompañantes masculinos, es que sus avisos clasificados distan bastante de los ardientes que publican las prostitutas. Ellos, más afectuosos, apelan a los sentimientos de las posibles clientas. Por ejemplo, Marcelo anuncia: "Romántico, seductor, agradable, soy un hombre que hace cosas imaginables. Lo pasarás increíble, soy de lo mas dulce que hay. Te espero. Besitos". Carlos, por su parte, se describe así: "Hola, soy un joven que está esperando por ti día a día, las 24 horas, disponibles los 7 días de la semana, tengo un cuerpo atlético, no fumo, y sin mayores vicios, puedo ser un acompañante cariñoso, rudo, un niño o un adulto como tu lo prefieras, puedo hacerte feliz y puedo acompañarte a cualquier lugar puedo ser tu amante por toda una noche y hacerte vibrar entre mis brazos, puedo jugar contigo y comportarme como tu quieras mi estrella... Espero por tu llamado, mi servicio es exclusivo". Los precios de estos acompañantes pueden ir desde $15.000 la hora hasta 125 dólares la hora y media, en el caso de un canadiense que, según anuncia, acaba de llegar a nuestro país, junto a dos argentinos que parecen sacados de catálogos de moda.
Ellas opinan
Quisimos saber qué confesaban las mujeres respecto del sexo pagado, sabiendo de antemano que muchas no nos dirían la verdad por temor al qué dirán y por ser esencialmente discreto si se realiza. Estas son sus opiniones:
* "La verdad es que jamás me he planteado pagar por sexo pues considero que en Chile es muy fácil tener sexo rápido. Vas a Suecia, bailas con alguien y al segundo te lo puedes llevar a la cama. Ya sabes lo que dicen: La mujer cuando quiere, el hombre cuando puede", dice Silvia, de 27 años.
* "Creo que contrataría a alguien sólo para cumplir fantasías en pareja, pero creo que en ese caso no sería un hombre, sino que una mujer", confiesa Mariana, de 35 años.
* "Me daría mucha plancha pagarle a un gallo para que se acueste conmigo. Capaz que crea que no puedo agarrarme a quien yo quiera sin soltar un billete", ironiza Jessica, de 30 años.
* "Ah, yo sí pagaría por un mino, pero tendría que ser demasiado estupendo. Nada de chulos tipo vedetos sudados, sino más bien un modelo. Con uno así, yo feliz", dice Sofía, de 28 años.
* "Pagaría a los 50, si no estuviera casada y no tuviera pareja. El sexo es bueno siempre, rejuvenece, dicen", bromea Sandra, 31 años.
* "Dicen que en países europeos estos tipos son fabulosos y que son difíciles de ignorar. El tema es que la mayoría atiende a mujeres y hombres sin distinción. Pienso que eso no podría aceptarlo. No podría estar con un gallo que es esencialmente homosexual. Me daría asco. Ese sería el pero", aclara Fernanda, de 30 años.
* "Yo no pagaría por uno, sino que por dos tipos regios que cumplieran mi fantasía al pie de la letra. Total, después, si te he visto no me acuerdo y nadie se enteró", concluye Valeria, de 31 años.
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