Un anuncio de lencería, las páginas de contactos de un diario o la visión fugaz de un escote al doblar una esquina bastan para activar el mecanismo mental de un adicto al sexo.
"El más mínimo detalle era suficiente para que mi cabeza se disparase y cogiera el teléfono para tener un encuentro con una chica de pago", confiesa Lucas Sanz, que sigue hoy una terapia de recuperación.
La hipersexualidad afecta a un 6% de la población. La mayoría son hombres, según los expertos. "Mantienen relaciones compulsivas, aunque no las disfrutan, sino que les provocan sentimiento de culpa y frustración. Ése es el problema y no la cantidad de veces. No pasa nada por tener cinco relaciones al día, por ejemplo, si de verdad se disfrutan", asegura Iván Rotella, de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología.
"Empecé a acudir a prostíbulos porque las cosas con mi pareja no iban bien. Buscaba evadirme y siempre decía "esto no durará para siempre"; pero te enganchas como el que se engancha a las drogas: sin darte cuenta. Y al final, duró cinco años", explica Sanz.
Los adictos al sexo son personas impulsivas y terminan enganchados por causas diversas: inseguridad, desazón o por llenar un vacio provocado, por ejemplo, por una vida de pareja insatisfactoria sentimental y sexualmente. "Las razones son las mismas que pueden conducir al alcoholismo. Todas las adicciones tienen una raíz común", explica Rotella.
Y como todas las adicciones, la hipersexualidad mina la vida social y laboral y la economía del que la sufre. "No pasaba un día en que no llamara a un teléfono erótico y acudía a burdeles tres o cuatro veces a la semana. Así durante cinco años. En el primero me gasté más de 12.000 euros en sexo", reconoce Sanz, que sólo admitió tener un problema cuando su mujer, harta de excusas tras llegar de madrugada, le hizo poner las cartas boca arriba.
La terapia es dura. Aunque, hay salida. "Se debe combinar un tratamiento psiquiátrico y otro sexológico. Para buscar las causas de la adicción, por un lado, y controlar las crisis, por otro", dice Rotella.
El tratamiento puede durar años y aunque haya recuperación, un ex adicto siempre deberá estar en alerta.
EL DATO
El 8,5% de los alumnos varones de la Universitat Jaume I (UJI) de Castellón ha reconocido ser adicto al cibersexo, según un estudio llevado a cabo por la propia institución.
EL APUNTE
La asexualidad , un mito que está de moda
La mayor comunidad asexual se da cita en asexuality.org. Representa un 3% de la población y dicen no tener deseos sexuales. No lo atribuyen a ninguna patología es una opción sexual aseguran. Pero hay expertos que difieren."El apetito sexual es biológico como tener hambre. Se puede optar por el celibato pero no dejar de tenerlo. Si es así es que algo falla. Siempre hay una causa como una mala experiencia otra cosa es que se quiera remediar" dice la sexóloga Pilar Cristobal.
" NUESTRA RELACIÓN ERA COMO UNA CÁRCEL"
¿Se puede ser adicto al amor? Sí se puede. Al menos así lo aseguran en la asociación Adictos al Sexo y al Amor Anónimos (SLAA).
La expresión enganchado al amor puede llevar a conclusiones facilonas y lejanas a la realidad. Engancharse al amor a tu pareja puede llegar a ser una auténtica tortura."Yo lo estuve de mi marido. Sólo actuaba para agradarle, toda mi vida giraba entorno a la suya. Al mismo tiempo necesitaba controlar todos y cada uno de sus actos. Nuestra relación se convirtió en una cárcel para él" dice Miriam López de 49 años quien lleva 12 acudiendo a las reuniones semanales de SLAA.
Con el tiempo el marido de Míriam terminó la relación y se casó con otra persona. "Me moría. Pero porque me di cuenta de que no tenía nada: dejé la carrera por él y nunca trabajé. Por mi afán de agradar y mi inseguridad terminé viviendo mi vida a través de la suya. Fue duro empezar de nuevo". Aún así lo hizo. "Aunque a veces con mi pareja aún me sobreviene ese afán controlador. Por eso sigo en terapia".
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